Capitulo 1: Otro "adios" desconocido
Una mujer vestida de traje caminaba sola por las heladas calles de la cuidad. Solo se escuchaba el sonido del viento y los secos pasos rápidos que ella daba con sus tacones. En su rostro se notaba claramente una expresión asustada, como si esperara que un monstruo se le apareciera. Poco a poco aceleraba más su paso hasta que empezó a correr tan rápido como pudo. Tenía dificultad debido a su ropa y zapatos pero no se detuvo. Dio la vuelta en una esquina hasta llegar a un callejón sin salida. Sin pensarlo dos veces, se dio media vuelta para tomar otro camino pero alguien obstruía su paso. Era una chica de no más de 18 años de edad, delgada y de mediana estatura; que en una de manos llevaba una pistola.
-Qui… ¿quién eres tú? –le preguntó la mujer asustada.
-Eso no te interesa –le respondió a su vez la chica. Hizo una corta pausa- Pero recuerda bien mi cara, porque será la última que verás en esta vida.
Al terminar de decir esto, levantó la pistola y, sin cambiar la expresión de su rostro, apretó el gatillo. La mujer calló instantáneamente al piso mientras el fuerte ruido que había salido de la pistola seguía resonando en el desolado lugar. La chica se acercó al cadáver que yacía inmóvil y con una patada lo dio vuelta boca arriba.
-Parece que ya estás bien muerta –se dijo para sí-. No sé y no me importa lo que hayas hecho pero no debe haber sido nada bueno como para que yo lo terminará así.
Y así la joven se alejó tranquilamente dejando a la mujer sola.
Los relojes de la oscura casa marcaban las 11:24 p.m. La chica abrió su paso por los pasillos… esta sola. Subió las escaleras y se dirigió a una habitación. No había ninguna duda de que aquella era la suya. Su primera acción su tirarse boca arriba sobre su cama y cerrar los ojos. Tenía sueño pero un sonido penetrante la hizo despertar de su soñolencia. Un teléfono móvil brillaba intensamente y se movía sobre su mesa de noche.
-Aló… -contestó tajantemente.
-¿Qué tal te fue? –le respondió una voz de hombre al otro lado del teléfono.
-¿Es que tú ya no saludas? –le preguntó a su vez la niña aunque muy poco interesada en la respuesta.
-Huh… ¿y?
-Bien –contestó y hubo corto silencio.
-¡¿Bien qué, niña?!
-No tienes para que gritar… me fue bien. La tipa esa está muerta en alguna calle.
-¿Dejaste alguna pista?
-Sabes que nunca lo hago.
-Así me gusta.
-¿Nada más? –le preguntó ya que se estaba empezando a cansar de la conversación.
-No… bueno, la próxima vez que te vea te saludaré como lo mereces –le dijo el hombre cortando el teléfono.
Dejó el celular nuevamente sobre su mesa. Aquella persona con la que hablaba se llamaba Ian Kilman, aunque muy poca gente conocía su nombre real ya que solo a los privilegiados se los decía. Su oficio era mandar a sus ‘trabajadores’ a matar a esa gente que sus clientes ya no querían ver. Podría decirse que era una agencia de asesinos. Una de sus más eficientes asesinas era ella… Dana Lyn. Las razones por las cuales ella trabajaba en eso eran desconocidas; al igual que esa vida para sus conocidos. Era algo obvio ya que a ninguna chica de 17 años la verían muy bien sabiendo que es asesina. Pero a pesar de serlo en su personalidad no había nada que hiciera a la gente sospechar.
Seguía tendida en su cama. Poco a poco sus ojos se comenzaron a cerrar en contra de su voluntad; mientras pensaba en que al día siguiente tendría que levantarse muy temprano para ir a clases.
